lunes, 6 de enero de 2014

¿Cómo se hace frente a los celos?






Recuerde la experiencia o experiencias de celos más extremas por las que haya pasado. ¿En qué medida utilizó cada una de las estrategias que se mencionan a continuación? ¿Nunca, sólo una o dos veces, muy pocas veces, de vez en cuando, a menudo, habitualmente o siempre? 


• ¿Habló con su compañero de la situación y de su respuesta a la misma en una forma racional?


• ¿Apeló al sarcasmo?


• ¿Aceptó la situación porque sentía que no podía hacer nada al respecto?


• ¿Evitó el tema y trató de no pensar en él?


• ¿Se entregó a un “silencio sepulcral” para dar a entender claramente que tenía conciencia del problema pero se negaba a hablar de él?


• ¿Lo negó? Es decir, ¿sabía que su compañero estaba involucrado con alguna otra persona pero prefirió no darse por enterado?


• ¿Lloró delante de su compañero para poner de manifiesto su obvio sufrimiento, o prefirió hacerlo en soledad?


• ¿Apeló a la agresión verbal, gritándole a su compañero o insultándolo?


• ¿Tomó represalias tratando de despertar los celos de su compañero, dedicándose a flirtear, a tener un amorío o hablándole de otros amantes?


• ¿Atacó físicamente a su compañero? ¿Le dio puñetazos, lo arañó o le arrojó platos?


• ¿Dejó a su compañero, temporalmente o para siempre?


• ¿Sufrió en silencio y a escondidas, para que ni su compañero ni nadie se enteraran de su sufrimiento?


• ¿Sufrió en silencio pero visiblemente (poniendo cara triste y suspirando) cada vez que estaba en presencia de su compañero?


• ¿Cuando pensó en la situación trató de encontrarle el lado divertido?


• ¿Hizo un chiste sobre la situación dirigido a su compañero o a otras personas?


• ¿Reflexionó acerca del papel que jugó usted en la situación y evaluó racionalmente cómo se sentía o qué temía perder?


Incluí la pregunta “¿Cómo hace frente a los celos?” en dos estudios diferentes. En uno de ellos, 285 hombres y 283 mujeres recibieron una lista de siete estrategias y se les preguntó cuál de esas estrategias era más probable que usaran cuando se sentían celosos. La respuesta elegida con más frecuencia fue: “Hablo de ello con mi compañero.” La menos elegida fue: “Respondo con violencia.” Éstos son los porcentajes de las respuestas, en orden decreciente:


• Hablo de ello con mi compañero (34 por ciento).


• Le hago saber a mi compañero que me siento herido (25 por ciento).


• Trato de ignorar el tema (22 por ciento).


• Grito (7 por ciento).


• Me escapo (5 por ciento).


• Respondo de alguna otra forma (5 por ciento).


• Respondo con violencia (1 por ciento).


El problema con estos porcentajes es que nos revelan solamente la estrategia primaria a la que apela la persona, cuando lo cierto es que en muchos casos se apela a diferentes estrategias en momentos diferentes e incluso simultáneamente.


En el segundo estudio, se preguntó a 103 hombres y mujeres si emplearon o no cada una de una lista de dieciséis estrategias que se les hizo conocer previamente. Una vez más, la “discusión racional” fue una de las dos estrategias más frecuentes, en tanto que la segunda fue “Reflexiono acerca del papel que jugué en la situación y evalúo racionalmente cómo me siento o qué temo perder”. En este grupo, la “violencia física” también fue la estrategia mencionada con menor frecuencia. Éstos son los porcentajes de las personas que respondieron “sí” cuando se les preguntó si apelaban a una estrategia determinada para hacer frente a los celos extremos:


• Reflexiono acerca del papel que jugué en la situación y evalúo racionalmente cómo me sentía o qué temía perder (80 por ciento).


• Apelo a la discusión racional (79 por ciento).


• Recurro a ataques verbales (69 por ciento).


• Empleo el sarcasmo (56 por ciento).


• Acepto la situación (55 por ciento).


• Lloro (44 por ciento).


• Me mantengo en un silencio sepulcral (42 por ciento).


• Sufro en silencio pero visiblemente (36 por ciento).


• Trato de encontrar el lado divertido de la situación (36 por ciento).


• Evito el tema (33 por ciento).


• Tomo represalias, despertando los celos de mi compañero (33 por ciento).


• Abandono a mi compañero (29 por ciento).


• Sufro en silencio y a escondidas (27 por ciento).


• Hago un chiste al respecto (26 por ciento).


• Apelo a la negación (18 por ciento).


• Recurro a la violencia física (7 por ciento).


En dos estudios diferentes, con dos grupos de personas diferentes y preguntas diferentes, la estrategia más frecuentemente mencionada para hacer frente a los celos fue la discusión racional, y la menos frecuente la violencia.


¿Significa esto que realmente la gente es más propensa a hablar de los celos en forma racional, o a reflexionar acerca del papel que jugó en la situación? No necesariamente. Lo más probable es que hayan respondido de acuerdo a lo que saben que es la forma más aceptable de conducirse con respecto a los celos, con independencia de que realmente actúen así o no.


Si yo le pidiera a usted que recordara los celos más intensos que experimentó en su vida, y después le preguntará cómo le habría gustado responder a la situación que desencadenó esos celos, lo más probable es que me dijera que habría tenido una discusión racional y serena con su compañero o que habría reflexionado en la situación y en el papel que usted jugó en ella. También es bastante probable que usted haya actuado de una manera algo diferente, lo que explica en parte que siga recordando el episodio como la experiencia más extrema de celos que vivió.


El hecho es que hablar con su compañero y reflexionar acerca del papel que usted jugó son sin duda las mejores estrategias para hacer frente a los celos, porque son las que cuentan con las mayores probabilidades de producir resultados positivos. La cuestión es cómo hacerlo.


Puesto que es difícil pensar claramente y comparar opciones cuando uno está inmerso en una crisis afectiva, lo mejor es apartarse temporalmente de la persona y la situación que desencadenaron los celos. De ser posible, márchese de la ciudad. Es importante actuar con independencia y pensar, con o sin la ayuda de un amigo o un profesional.





Una vez solo, es conveniente considerar algunos interrogantes. Si bien se trata de preguntas que ya fueron mencionadas en esta sección y en diferentes partes de esta guía, vale la pena repetirlas:



• Primero, ¿qué es exactamente lo que lo está poniendo celoso? ¿El hecho de que él está saliendo sin usted? ¿Qué ella parece pasarla mejor con él que con usted? ¿Que él tuvo un amorío?

• Segundo, ¿qué es lo que ha anidado en el corazón de sus celos? ¿Envidia de su rival? ¿Temor a una pérdida? ¿Temor al abandono? ¿Humillación? ¿Una amenaza a la relación? ¿Una amenaza a su ego?

• Tercero, ¿por qué está experimentando ese componente específico de los celos con tanta intensidad? ¿Se relaciona con una antigua experiencia que pudo haber vivido en su infancia? ¿Qué relación tiene esa antigua experiencia con lo que está experimentan do ahora? La amenaza actual, ¿podría estar relacionada con lo que le resultó más gratificante del amor de su compañero al comienzo de la relación?


Una vez que haya identificado su papel en el problema de celos, considere cuáles son las opciones con que cuenta para responder al mismo. Considere también cómo podría responder su compañero a cada una de esas opciones, y qué es lo que usted quiere que suceda. Si lo que más quiere es que vuelvan a estar estrechamente unidos, atacar a su compañero no es la mejor estrategia. Es probable que si expresa su amor y su dolor los resultados sean mucho más positivos.


La mejor forma de lograr ese objetivo es una discusión abierta y respetuosa que les dé a usted y a su compañero la oportunidad de describir sus sentimientos y explicar todo aquello que sea necesario explicar sin atacarse. Una forma de hacerlo es que cada uno dedique exactamente cinco minutos a exponer un tema (¡nada más que uno!) mientras el otro escucha y trata de entender. El que escucha sólo puede intervenir para pedir una aclaración, y al cabo de los cinco minutos debe repetir lo principal de la argumentación. Su resumen deberá contar con la aprobación del que habló.


En todas las conversaciones podrán evitar la aparición de sentimientos hirientes y contraataques si usted y su compañero siguen cuidadosamente los siguientes tres pasos:


1. Describa lo que piensa que el otro está sintiendo. (“Creo que cuando estoy contigo en una fiesta te sientes incómodo.”)


2. Describa lo que usted está sintiendo. (“Me siento excluido cuando tienes largas conversaciones con otras personas, sobre todo cuando estás hablando con una persona atractiva del sexo opuesto.”)


3. Exprese claramente qué es lo que quiere. (“Me gusta ría mucho que me incluyeras en algunas conversaciones.”)


Cuando la situación es demasiado explosiva para cualquier tipo de conversación, piense en la posibilidad de que cada uno escriba lo que quiere decir al otro, bajo la forma de una carta de amor.


Si se siente sobrepasado por los celos y piensa que puede llegar a hacer alguna “locura”, recuerde la importante distinción entre lo que siente y lo que hace. Aun en caso de que sienta que está loco, no tiene por qué actuar como un loco; aun en caso de que sienta que ha perdido el control, no tiene por qué actuar de ese modo. De hecho, los terapeutas conductistas piensan que es posible modificar nuestros sentimientos cambiando los pensamientos o las acciones asociadas con ellos.


No siempre nos damos cuenta, o estamos dispuestos a admitir, que tenemos una amplia variedad de opciones para responder cuando estamos en una situación de celos. Podemos mostrarle a nuestro compañero cuán importante es la relación para nosotros; podemos apartarnos de la situación o de la relación: podemos ignorar lo que está sucediendo; podemos mostrarle a nuestro compañero cuánto estamos sufriendo; podemos tomarlo a risa, podemos hacer un escándalo; o podemos hablar con nuestro compañero de nuestros sentimientos y deseos.